Cuando visité hace años el antiguo cementerio de Atenas se produjo uno de esos momentos mágicos, bellos e intensos que uno atesora de por vida. No voy a describirlo ahora aquí pero sí recordar un texto que leí en una lápida del bello museo allí enclavado. Se trata de una lápida del siglo V a. C. titulada Ampharete y su nieto. Las indicaciones del museo, claro, estaban también en inglés y la inscripción decía:

cementerio“I am holding here the child of my dauhter the belowed  whom I held on my lap when alive we be held the light of the sun, and now I am holding it dead, being dead my self”.

Quizá un amable y culto lector pueda hacernos una buena traducción pero sin necesidad de eso se aprecia lo triste pero bello del mensaje.

Anoté esto hace muchos años pero lo he encontrado hace unos pocos días, justo tras irse mi padre.

Y a pesar de todo el dolor, el vacío y la ausencia, siento que todo esto me está haciendo madurar, que está operando en mí cambios que deberían haberse producido hace mucho. Y percibo que desde algún lugar alguien me está ayudando en esta transformación, me esta ayudando a volver a vivir.